El origen de todo le ha cautivado desde hace mucho al ser humano, así hay diversos mitos que a él se refieren, incluyendo el científico.  En los relatos de los ancianos en las tierras de la Mesoamérica encontramos descripciones de eventos que ocurrieron hace milenios, a los que arqueólogos y antropólogos han tenido que atender para dar luz en sus investigaciones.  Luego tenemos los relatos históricos tallados en piedra, después los más recientes y en papel con la llegada e invasión (no inesperada) de personas de lejanas tierras.  Estos continúan hoy, pues el colonialismo solo ha ido cambiando de forma más es la relación que entre territorios impera.  Sin embargo, este cambio a una era de oscuridad ya se conocía y aún se cuenta en fogatas y hogares.
Hogares como uno en el que se decía en voz baja que la abuela era índigena, y en voz alta que el abuelo era alemán.  Que por ahí también hubieron abuelos franceses y españoles.  Lo que puede corresponder a dos aspectos: la vergüenza que, en un contexto de colonialismo y conflicto armado interno, se sentía de la ascendencia índigena; y a la vez, la importancia de los ancestros que en la misma cultura nativa es tan esencial.  Queremos ejemplificar que aunque en el discurso se niege esa herencia, es difícil impedir que en la práctica ésta continúe manifestándose.
Así, hablaremos un breve momento de Beberly, que ya solo con ese nombre hay ojos de duda sobre su proveniencia.  Ella nace en un día cuya energía le da la posibilidad de facilitar la transformación, de la fortaleza femenina y la orientación hacia lo comunitario, por mencionar solo algunas de las características.  Que de cualquier manera ella se familiarizará con ellas hasta pasadas un par de decenas de años.  Mientras tanto, crece con la inquietud de cómo definirse… primero, como ser humano, claro.  Pero qué hacer con ese sentir que le incomoda cuando la tratan de encasillar en categorías que le son completamente ajenas, por más que en la sociedad fuesen ventajosas.  También sentía temor ante personas que claramente pueden identificarse como indígenas y que al verla sin traje y escucharle sin lengua, pudieran ofenderse.  Más el camino le demostraría otra cosa, empezando con el primer encuentro con un anciano conocedor del tiempo (ajq’ij) que le dijo: tienes claridad.  Y claro que ella sintió la seguridad de sus palabras, también se asustó y río nerviosamente, y prestó más atención.  Fue dándose cuenta de sus actitudes, pensamientos y sentires, que son fácilmente reconocibles como índigenas, si esto es válido decir.
La primera vez que decidió compartir la inquietud con otras personas fue al asistir al Caucus Indígena en el Kaleidoscopio (India 2010), y que por vez primera también sintió que le entendían y ella misma podía comprender.  A partir de ahí la duda se disipó y transitó con más seguridad y alegría el camino de redescubrir el conocimiento ancestral que en ella habita.  También va encontrando más y más personas con las que puede explorar el significado que la visión del mundo indígena tiene para la existencia de la humanidad.  Especialmente en estos tiempos de transformación en los que está próximo un cambio de era, trayendo el potencial de que ni siquiera hablemos de libertad, porque sencillamente somos libres, reconociendo lo esencial en armonía y paz, con la alegría de vivir de manera simple.
El pájaro continúa el vuelo disfrutando su destino, destino que es como el viento… sin sentido es resistírsele o buscarle, solo hay que sentirlo y dejarse guiar por él.